Estas pinturas están realizadas siempre de noche. El paisaje aparece atravesado por el agua: lluvia reciente, asfalto mojado o el cauce de un río. El agua no actúa como tema central, sino como condición visual y temporal: refleja, distorsiona y fragmenta la escena. La noche elimina lo anecdótico y reduce la imagen a luces, masas y reflejos, situando la pintura en un espacio intermedio entre lo urbano y lo atmosférico.

Puente del Recreo, 2026
Acrílico sobre cartón, 50X70cm
Disponible
Esta pintura surge de un paseo nocturno por el Puente del Recreo. La iluminación artificial se refleja sobre el agua y transforma el paisaje en una trama de contrastes, masas de color y luces fragmentadas. La obra continúa la investigación sobre la noche como condición visual y sobre el agua como superficie inestable que desdibuja y reconfigura la arquitectura.
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Puente de San Antón, 2025
Acrílico sobre cartón, 74x55cm
Disponible
Pintura nocturna del Puente de San Antón, un lugar cercano y cotidiano. El río ocupa un papel central como superficie de reflejo y ruptura: el agua fragmenta la arquitectura y desdobla el puente en una imagen inestable. La pincelada es densa y directa, más atenta a la materia y al movimiento del agua que a la descripción literal del lugar. Es la obra más reciente de la serie y sintetiza su interés por la noche, el reflejo y la memoria próxima.
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Ciudad Real I, 2023
Acrílico sobre cartón 75x55cm
Colección particular.
Escena urbana nocturna bajo la lluvia. Un coche detenido concentra la composición, mientras el asfalto mojado recoge y distorsiona las luces de la ciudad. La pintura se construye a partir de reflejos, señales y manchas de color, reduciendo la escena a una experiencia visual y atmosférica. El agua transforma el espacio urbano en un plano inestable, casi abstracto, donde el tránsito y la espera quedan suspendidos.

Cuenca, 2020
Acrílico sobre cartón, 55x75cm
Colección particular.
Vista nocturna de la Plaza Mayor de Cuenca tras la lluvia. La arquitectura aparece desdibujada por los reflejos del suelo mojado, que multiplica las luces y altera la percepción del espacio. La pintura se centra en el ritmo vertical de los reflejos y en la relación entre luz, color y agua, marcando el inicio de la serie y su interés por la noche como condición pictórica.